Viniste como el amor de mi vida,
cuando te conocí
eras como la ilusión de un sueño.
Vaya vida, vaya rostro de ensueño.
Una peca que te distinguía,
como Marilyn
eres una luz que brillará eterna.
Vaya cara, vaya morbo niña rubia pequeña.
Qué desdicha porque no te tenía,
qué desgracia porque no te tengo,
y qué egoísta pensar que pueda hacerlo.
Pero qué alegría cuando me digas "Te quiero".
Sí, y entonces seré tuyo,
¿por qué no reconocerlo?
Que el hombre crea su propia cárcel sin quererlo, vale,
pero que la mujer sea su perdición, eso sí que es ironía.